La arquitectura modernista en Sitges

Arquitectura en Sitges

Las viviendas de los americanos como testimonio arquitectónico.

Desde la segunda tercera parte del siglo XVIII se produjo un gran movimiento de construcción en el puerto de Sitges que coincidió con cierta prosperidad debida a una actividad económica marítima relevante. Además, fue favorecido por las inversiones realizadas por los marineros, los dueños de empresas comerciales y los comerciantes pero también gracias a los beneficios proporcionados por sus actividades o negocios marítimos.

Las nuevas construcciones como las compras y las ventas de tierras necesarias a cualquier edificación, se las debían, en su mayor parte, a esos hombres nacidos en Sitges que venían de América. Por lo demás, el Ayuntamiento de Sitges conserva en sus archivos las diferentes autorizaciones de trabajos concedidas, principalmente, a fines de la primera mitad del siglo XIX. En 1898, la pérdida de las colonias españolas en las Antillas que constituían Cuba y Puerto Rico y más aun las evoluciones políticas y económicas tanto en España como allende del Atlántico, acabaron con la emigración de los habitantes de Sitges hacia esas islas.

Así, a fines del siglo XIX y al principio del siglo XX, una vez la fortuna hecha en Cuba o teniendo el dinero ahorrado después de unos años de trabajo, algunos Sitgetanos volvieron al país como siempre lo habían deseado o imaginado con la meta de realizar sus proyectos.

Las aspiraciones más comunes eran el regreso a la ciudad natal y la construcción o la rehabilitación de una casa para instalarse acomodadamente, vivir de sus rentas y empezar una «nueva» vida. La estabilidad económica de la época, la necesidad de recobrar una salud dañada por muchos años de esfuerzos y de trabajo, el deseo de obtener un reconocimiento social indiscutible y a menudo, el deseo de casarse aún por conveniencia, hacía necesario la transformación de la casa o la construcción de una nueva según las posibilidades financieras del propietario y eso en armonía con el estilo arquitectónico o según la moda imperante en aquella época.

Sin embargo, es importante señalar que en los años 1880 y en el transcurso de los que siguieron, entre los americanos de Sitges no todos decidieron la construcción de sus viviendas según el estilo modernista, de moda en aquella época, excepto los que deseaban verdaderamente dar a su casa y más allá a su pueblo este aspecto tan característico que lo caracteriza hoy día.

En efecto, la mayoría de ellos o se encontraban en Cuba cuando hicieron construir una morada o renovar un edificio que existía ya, sin conocer verdaderamente la corriente arquitectónica de la época en Cataluña, o se encontraban ya en Sitges pero no se interesaban mucho por tal corriente. No obstante, en los dos casos recurrieron a unos arquitectos famosos de la región afiliados, por su mayoría, a este movimiento modernista y en el que habían participado a veces y del que Antoni Gaudí era el precursor.

En realidad, eso nos permite pensar que los americanos que mandaron construir una casa nueva o modificar un edificio, adaptaron su vivienda a la nueva situación económica y social de la época en función de sus posibilidades financieras y, para algunos, según el estilo arquitectònico correspondiente a la moda vigente en la época. Esperaban tanto una mejora del aspecto arquitectónico o de las comodidades de vivienda como la realización de un proyecto en el que habían pensado desde mucho tiempo. De una manera general, podemos afirmar que las casas de los americanos que han podido ser conservadas y que hoy día podemos ver, corresponden a los últimos ochenta años de las relaciones entre Sitges y América; fueron construidas entre los años 1850 y 1930, de modo que reflejan casi todos los estilos arquitectónicos de aquel período.

Sin embargo, las casas de estilo modernistas revelan la expresión de unas influencias orientalistas y barrocas a las que podemos añadir la influencia de la arquitectura gótica rehabilitada por Viollet-le-Duc (Bohigas, 1973:252-253, 262). Entre las construcciones modernistas, se puede notar el Cau Ferrat y las casas de Josep Carbonell, Jaume Hill i Foment, Rafael Llopart, edificadas a fines del siglo XIX pero también las de Pere Carreras i Robert o Pau Barrageig, en la calle de Francesc Gumà, la de Manuel Planas i Carbonell, y la de Bonaventura Blay i Milà, en la calle Illa de Cuba, las de Josep Barnet i Albareda y Antoni Serra i Ferret en la Ribera, la de Josep Ferrer i Torralbes en la calle de Santiago Rusiñol, todas construidas entre los años 1900 y 1906. La casa del Reloj de Cap de la Vila, de Bartomeu Carbonell i Mussons, obra del arquitecto Ignasi Mas i Morell ha llegado a ser un elemento de referencia de la arquitectura local (Americanos, 1998: 16, 45-53, 202-209).

En realidad, todos estos edificios tienen una factura notable. Los adornos de la fachada como la de todas las construcciones modernistas, estriban de una manera general, en el principio del valor intrínseco de la línea, en la representación del elemeno vegetal y en la importancia dada al adorno mismo como símbolo estructural. Como ejemplo, algo insólito, de casa de americano hay que distinguir, más particularmente, la de Pere Doménech i Grau conocida bajo el nombre de «Plana Novella» que fue construida por el arquitecto Manuel Coma i Thos en 1885 y acabada en 1890. Ciertos artesanos de Sitges intervinieron en la construcción de la «Plana Novella», dirigida por el contratista Antoni Cartro Escala (Americanos, 1998: 42). Su ubicación y su originalidad en cuanto a su arquitectura exterior e interior impresionaron mucho a la gente en la época de su construcción. Se volvió famosa por las visitas de personas célebres, la organización de bailes y la interpretación de operas por artistas italianos. Los archivos del municipio señalan la evolución de las transformaciones y de las construcciones de las casas de los americanos. En ellos se notan la época y las circunstancias en las cuales fueron realizadas tales como los medios técnicos utilizados.

Así se toma conciencia de las modificaciones de la configuración que podía ofrecer el pueblo de Sitges, en razón de la construcción de nuevas y magníficas casas en unos lugares donde antaño sólo existían unas casuchas. Tal evolución y tal progreso se debe no sólo a las aportaciones económicas traídas por los americanos sino también a su acción social y a sus estilos de vida. Más tarde, con la expansión de la ciudad y el crecimiento de su fama, ciertos americanos hicieron construir unas casas para facilitar el alojamiento de un número creciente de turistas como fue el caso de las casas de Bernardo Fernández en la Ribera (1908), rehabilitada hace poco. De una manera general, es conveniente subrayar que la mayor parte de esas casas fueron construidas por unos arquitectos famosos en aquella época, los cuales dejaron marcas personales en numerosos detalles.

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