La ambientación decoración en el mundo del cine

En el cine, el tratamiento del espacio es uno de los elementos claves para la buena narrativa de la historia.

A menudo, los diseños de los espacios interiores nos hablan de la personalidad de los personajes y los exteriores, de su estado de ánimo. Sabemos tanto de un personaje por lo que dice o hace que por donde vive. Nada tiene que ver, por ejemplo, el psico killer Patrick Bateman de American Psycho en su perfecto apartamento neoyorkino, con el Jame Gumb de El silencio de los corderos, y su lúgubre sótano de mariposas.

Ambos terribles asesinos y sin embargo, nadan en universos completamente opuestos. Estamos acostumbrados a la tormenta que arranca justo cuando rompen el corazón de nuestro protagonista o el amanecer apacible después de  la redención.

¿Qué nos hubiera hecho sentir El resplandor si en vez del hotel blanco, frío y aislado en el que va a parar la familia Torrance hubiera sido una vieja mansión barroca? ¿Por qué se parecen tanto las naves e uniformes del Imperio en Star Wars con la iconografía del nazismo? Los colores, las formas, los objetos, tienen un impacto emocional sobre nosotros. En el audiovisual se aprovecha eso para fortalecer el vínculo emocional entre el espectador y el personaje y así, contar mejor nuestra historia. Pero ¿como nos relacionamos en el día a día con nuestro espacio? ¿Como sería nuestra vida si el espacio que habitamos estuviera ajustado a nuestra personalidad, a nuestros gustos y a nuestras necesidades?

Vivir en el mundo de Amélie Poulain

Queda claro desde el inicio de la película: Amélie es una chica que ha crecido encerrada en sí misma, introvertida y fantasiosa. Lleva una vida sencilla y solitaria hasta el día en que descubre su misión en la vida: hacer felices a la gente que la rodea. Y ¿cómo podría hacer eso alguien como ella? Con las cosas que tiene en su mano. Pero no olvidemos que Amélie no es una película sobre el altruismo. Es una historia de amor. Del amor en estado puro, infantil, en el que uno está por el otro por encima de todo. Conecta, pues, con nuestros universos más amables, divertidos e inocentes, y para transportarnos a esa parte de nosotros mismos, la película se viste de un Montmartre colorista y abarrotado, como si todos los espacios fueran el cuarto de juego de un niño.

Vivir en Gattaca

Mucho más filosófico es el universo de esta película protagonizada por Ethan Hawke.Un relato sobre la ética de la manipulación genética que nos lleva a reflexionar sobre el valor del esfuerzo y a poner en duda la premisa de que la perfección del ser humano reside en su perfección genética. En este caso, el tratamiento del espacio enfatiza el mundo interno del protagonista desde un prisma muy diferente al caso anterior: representa su gran conflicto. Vive en un mundo de colores tenues, ambientes diáfanos y limpios, perfectos. La gran escalera en espiral de su casa nos remite constantemente a su mayor obstáculo, el único que no puede cambiar con su esfuerzo: su ADN. Todo ello nos ayuda a tenerlo más acorralado en ese mundo en el que nunca será lo suficientemente bueno. Ni siquiera en su propia casa puede escapar de ese peso. No hay tregua, no hay margen para el error.

Vivir en el Nueva York de Woody Allen

Todo aquél que haya visitado la Gran Manzana sabrá que Nueva York es una ciudad hermosa aunque llena de contrastes. Muchos más de los que nos muestra Woody Allen, para él, la ciudad es un lugar ligero y divertido, escenario de las aventuras y desventuras de sus personajes, que, al igual que sus paisajes, parecen vivir la vida con una liviandad mayor a la que la mayoría de mortales nos enfrentamos en nuestras relaciones personales. Pero ¿por qué no entrar en ese juego? Seguro que una parte de nosotros sería bien capaz de relacionarse con neurosis pero sin grandes dramas, dialogando y dejando que las verdades fluyeran por nuestras discusiones como agua en movimiento.

Como sus diálogos, y sus personajes, los interiores que visten sus películas son frescos, elegantes, diáfanos. Constituyen una base estable y sólida sobre la cual discurren las peripecias humanas de sus personajes.  

Vivir en el Madrid de Tesis

El Madrid de la primera película de Alejandro Amenábar parece una ciudad anodina. Película primeriza, rodada durante sus años en la universidad, podría darnos la impresión de que los escenarios que la ocupan son los que tenían a disposición y poco más. Sin embargo hay algo profundamente enraizado en la propia esencia de la película y la familiaridad de esos espacios. El horror, nos dice Amenábar, está en la misma habitación en la que vives, en el aula en la que estudias, en el amigo que te sostiene del brazo. Lo tienes delante vestido de normalidad y no te das cuenta. 

Es precisamente la naturalidad del tratamiento visual y la cercanía de los personajes lo que hace terrorífica esta cinta. Seguramente seamos capaces de recordar el garaje del chalet en el que se grababan las snuff movies… Esos azulejos blancos con una franja roja… Exactamente igual al garaje de mis vecinos…

Todos viven en nosotros, los personajes, las historias y los paisajes que nos movilizan. Tal vez convive en nosotros un poco de la Nouvelle Vague con otro poco de El señor de los anillos. Tal vez por las mañanas nos sentimos Escarlata O’Hara y al acostarnos Vito Corleone. Pero, ¿qué dice de nosotros el espacio en el que vivimos? ¿Refleja nuestros mayores temores o nuestras grandes virtudes? ¿Cómo sería nuestra casa si fuéramos un personaje de película?

Me gusta pensar en ello porqué, aunque podamos decirnos “yo soy una persona normal” “mi casa es normal”, los detalles que nos rodean hablan profundamente de nosotros: lo que mostramos y lo que escondemos en un cajón, el objeto que nos gusta mirar, la pila de papeles que se amontona en nuestra mesa, el espejo en el que nos miramos de refilón antes de salir de casa… Tal vez sea momento de echar un vistazo a nuestro alrededor y plantearnos que imagen nos devuelve el sitio que habitamos. Tal vez siendo un poco más activos en la decisiones que tomamos ahí podamos sacar conclusiones de hacia donde estamos dirigiendo nuestros pasos. Como si nuestra vida fuera, ni más ni menos, una película más.     

En nuestro estudio amamos concebir los espacios que vas a habitar como si fueran un homenaje a ti, donde la funcionalidad y bienestar se encuentran con tus gustos más íntimos, creando espacios únicos, personalizados, siempre de calidad. Te acompañamos a diseñar o redefinir tu espacio para que se ajuste lo máximo a tu momento vital y a lo que quieras construir para tu futuro. Nos gusta el arte y nos encantan las historias. ¿Nos cuentas la tuya?

El arte tiene la poderosa capacidad de embarcarnos en viajes en el tiempo y en el espacio.

También hacia mundos interiores; hacia las fantasías más increíbles de personajes y creadores y, en esos viajes, tocarnos el alma de una manera que solo el lenguaje artístico puede hacer.

Es tan personal y a veces inexplicable la conexión entre la obra de arte y el espectador que ahí reside en parte la propia complejidad de su esencia. No a todos nos gustan las mismas cosas, pero sabemos que cuando alguien conecta con una creación artística (sea una novela, un cuadro o una película) es porqué le ha tocado dentro una pasión tan fuerte como la que se nos despierta a nosotros cuando una obra nos gusta. Es un proceso, a menudo, irracional, siempre íntimo. El arte nos conecta con una esfera arcaica de nosotros mismos. Habrá quien sueñe con mundos de ciencia ficción, habrá quien sea más sensible a la luz del Mediterráneo, incluso quien ame aquellas historias que le hablan del asesino que lleva dentro. De una forma u otra, el arte siempre se ha constituido en las sociedades como una puerta a esos impulsos profundos que nos definen en nuestra psique.

De ahí que sea tan importante mantener esos vínculos presentes en nuestro día a día. A menudo nos abandonamos a la cotidianidad. Con sus rutinas, sus preocupaciones y también sus pequeños placeres. Pero ¿cómo sería nuestra realidad si pudiéramos acercarle un poco más aquello que nos hace vibrar? Concebir nuestra casa como una obra de arte, nuestra vida como una coreografía.

Abrir chat
Hola, ¿En qué podemos ayudarte?